Humor negro

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El enterrador

Que diferencia hay entre un cura y el acné?

Que el acné espera a que tengas 12 años

De que se ríe Papá Noel?

De las cartas de lo pibes de la villa

Caen 56 paraplejicos de la punta de un edificio, ¿Que hacen?

Juegan al tetris

¿Que hace un negro tirandose de un precipicio?

Hace bien

¿Como matas a 150 moscas de una vez?

Le pones una mierda a un nene de África

Qué hace un leproso tocando la guitarra?

Carne picada

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La izquierda tuerta

No nos engañemos. No es que la derecha esté ofreciendo batalla en todos los frentes, sino que cada decisión del Gobierno se hace con tal torpeza que constituye una provocación para la ciudadanía. Parece como si se complacieran en provocar o en abrir trincheras, y lo que es más grave, una vez metidos en el charco, en vez de tratar de salir, se gozan en su necedad y achacan su incompetencia al acoso del adversario. Si el PP programara las acciones del Gobierno para dejarlo inerte y chapoteando no podría hacerlo mejor para sus propios intereses. Lo más preocupante dentro de lo inquietante que es todo se reduce a contemplar la servidumbre de la mayoría de los medios de comunicación que aún no acaban de comprender dónde empezó esta otra pandemia de virus laudatorios, sin igual desde los tiempos majestuosos del González “gran estadista” por los cojones.

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Si el ministro de Interior se enfrenta a la Guardia Civil, algo que no logró ni el general Sanjurjo en 1932, todo se debe a una mala interpretación de las intenciones de Grande-Marlaska, que tan sólo quería cambiar la cúpula del benemérito Cuerpo para hacerlo más fiel a sus órdenes. Una falacia para niños, que pretendió solventar como se hace con los adolescentes, aumentándoles la paga en un 20 por ciento. Sufrimos de un gobierno frágil e incompetente, temeroso hasta de su sombra, y eso se demuestra en la búsqueda de la alianza con Bildu para sacar adelante otra prórroga. Y cierran el trato la misma noche que la militancia añorante de la kale borroka deja la casa de Idoia Mendia, número uno de los socialistas en Euskadi, hecha unos zorros. Si no eres capaz de hacer respetar a los tuyos y en grado dirigente, mal habrás de hacerlo con el común. Entonces los filibusteros de la tertulia y el dogma de fe gritan “la derecha nos acosa; no han querido firmar la prórroga que les proponíamos”. Sánchez no quiere aliados, sino vasallos o cómplices a cambio de las migajas del poder y el derecho de exhibición. Exactamente lo que hace con Iglesias y Podemos. Este chico ya talludito se exhibe en cristalino – ¡qué cursilada de arribista! – y va repartiendo pomadita como madre empoderada en el culito de sus niños y niñas.

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A veces le sale rana la finura impostada del estilo, entre lo cristalino y la pomadita, y se va como adolescente arrogante y chistosito, como les gusta a los suyos, y se pone a hacerle cuchufletas al tigre. Iglesias no sabe nada de tigres, y menos aún de los que están fuera del zoológico. Lo suyo son las tertulias manidas y los mítines de fieles, donde basta con el lenguaje contundente, por vacío y tópico que parezca. Cada mes envejece tanto que a mí me evoca a aquel adelantado de la demagogia populista, don Alejandro Lerroux, ya sea en su incipiente trayectoria política -no es poca cosa ser vicepresidente aunque sea en un Gobierno de Pedro Sánchez-, como en la vida personal.

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Del rifirrafe entre Iglesias y Álvarez de Toledo lo mejor hubiera sido que no se produjera. Un vicepresidente cristalino y dedicado a las pomaditas no debe rebajar su nivel, ya rozando los suelos, llamando marquesa como insulto chabacano a quien no vive de ello. No se juega con los tigres porque cuando creías ser el rey de los polemistas brillantes te destrozan el entrecejo de un arañazo. Eso fue todo. Estamos en tiempos de analfabetismo histórico, como han demostrado los medios de comunicación al recordar al FRAP, del que desconocen todo y no tienen modo de ubicarlo. Es un sarcasmo que los dos únicos datos sobre este cutre grupo maoísta es que se reunió una vez en la casa parisina de Arthur Miller, cosa que yo dudo, bajo la férula de un anciano a punto de fallecer, Álvarez del Vayo, el veterano diplomático de la República, líder de una organización unipersonal, la Unión Socialista Española. La otra es una información procedente de la policía franquista, y quienes la vivimos no podemos olvidarla. Los millennial que recurren a Wikipedia aseguran que ocurrió el 1 de mayo de 1973. Lo dudo, porque el FRAP consideraba el 1º de mayo como un festejo revisionista jaleado por los social-traidores del PCE, para ellos un enemigo tan peligroso o más que el franquismo. Por eso celebraban el 2 de Mayo, el levantamiento patriótico del pueblo contra los gabachos en 1808. En asuntos del pasado el FRAP ofrecía un antecedente de la actual Nueva Historia del nacionalismo catalán.

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Lo mejor no es provocar cuando se tiene el techo “cristalino” porque no hay “pomadita” que alivie el dolor de hacer el ridículo y hablar sobre lo que no se sabe más que por las aventuras contadas al amor de la lumbre”

Ese infausto 2 de Mayo del 73 un piquete de miembros del FRAP, la mayoría estudiantes, cazaron a un policía de paisano en la parte trasera del hospital de San Carlos, junto al hoy museo Reina Sofía, le rodearon y llevaron a cabo una carnicería, no por nada la acción se acometió con un cuchillo de cocina de grandes dimensiones. Lo que vino después fue una represión implacable que provocó la caída de su militancia, entre ellos el padre del cristalino, y que dejó al FRAP fuera de su activismo para siempre salvo en el campo de la cultura donde contó con algunas figuras notables, la mayoría asustadas porque sus nombres aparecieran ahora. Para poner una nota de color en este cuadro siniestro, un anciano Antonio Machín, retirado del canto, moriría del disgusto que le produjo saber que una de sus descendientes había sido detenida y torturada en aquel asunto.

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Dicho todo esto, dilucidar ahora si se trató de terrorismo o de violencia antifranquista queda para los canonistas; para los civiles que lo vivimos aún se mantiene el rescoldo de ira y el rechazo público por esta barbaridad que reflejaba más la desesperación personal que la pelea política. En resumen, que lo mejor no es provocar cuando se tiene el techo “cristalino” porque no hay “pomadita” que alivie el dolor de hacer el ridículo y hablar sobre lo que no se sabe más que por las aventuras contadas al amor de la lumbre.

Se está escacharrando lo única defensa de la ciudadanía ante la estulticia y la violencia: los medios de comunicación. Es verdad que viene de lejos, pero los efectos no eran tan letales como ahora. La tribu de la escritura tuitera y la palabra tertuliana se dedica horas y horas a ponerle marcos de lujosas frases a las más vulgares inclinaciones políticas. Entre tanto el president Torra ha subido salarios y jubilaciones a sus altos cargos en un 20%, con carácter retroactivo desde enero. Silencio. Por ese ojo no se mira.

El séptimo sello

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Apocalipsis 8-1  Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.

Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.

El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.

El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.

Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.

10 El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas.

11 Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.

12 El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.

13 Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!

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  La teoría de conspiración acerca del llamado Nuevo Orden Mundial afirma la existencia de un plan diseñado con el fin de imponer un gobierno único —colectivista, burocrático y controlado por sectores elitistas y plutocráticos— a nivel mundial.

La expresión Nuevo Orden Mundial se ha usado para referirse a un nuevo período de la historia y se pretende, de este modo, que hay pruebas de cambios drásticos en las ideologías políticas y en el equilibrio de poderes. El primer uso de esta expresión aparece en el documento de los Catorce Puntos del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, que hace una llamada, después de la Primera Guerra Mundial, para la creación de la Sociedad de las Naciones, antecesora de la Organización de las Naciones Unidas.

   Intervención de la monja benedictina y doctora en Salud Pública, Teresa Forcades, en el foro Enciende La Tierra, organizado por la Fundación CajaCanarias.
Cautivos de un tiempo en el que sistemáticamente se pierden las energías solidarias, ¿cómo debemos reescribir nuestro papel de ciudadanos? ¿Sobre qué valores debemos refundar una sociedad en donde el bien común sea también una causa común? Y sobre todo, ¿es posibe construir un nuevo orden económico con, por y para las personas?
Estos aspectos y otros más, son tratados por Teresa en su intervención.

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Comienza la falta Abastecimiento comida y recursos esenciales

El virus Mamahostias solo mata de miedo

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La muerte

(Foto: Shutterstock)

 

Dicen que la muerte es justa… sí, señor. Apenas tomó a mi primo Agripino y allí le pude poner prueba. El mismo día que falleció, falleció también el hijo de Don Fulgencio, el de los Vargas, mi vecino.

Mala suerte para mi tía, que el mismo día se le venció una letra, y cuanto no le importó su pena a Don Fulgencio que le cobró quesque porque él también tenía necesidá por los gastos del sepelio, que necesitaba efectivo, que los entierros son muy caros y cosas de esas; así que mi tía, viuda de mi tío y ahora huérfana de hijo, empezó a vender sus gallinitas. Sí, cuando hay fallecido, todos tenemos necesidá.

Mi tía acomodó como pudo en su casa. Por pequeña su casa consideró usar los velatorios del hospital, pero le dijeron que no tenían disponibles. ¡Por esta que así le dijeron cuando los pidió fiado!

Don Fulgencio sí que veló a su hijo allá. Como el sol estaba mero arriba y esas cosas duran toda la noche y al otro día, decidí ir primero al velorio del hijo de Don Fulgencio, así más me convenía.

Los velatorios están en la cabecera municipal, allí hay de todo: empedrado de chapopote, mercado, hospital, y varias cantinas con música y baile. En el pueblo, que está a 6 km de la cabecera, todo es de tierra, incluso las casas, apenas si hay una clínica del gobierno sin doctor, cada quien ofrece su venta en casa y solo hay dos cantinas.

Cuando llegué a los velatorios me topé con varios del pueblo, y cómo no, si casi todos le debían a Don Fulgencio, todos se endeudaban con él con esos intereses impagables, todos fuimos porque temíamos que al no vernos acompañarlo en su dolor nos tomara revancha y nos cobrara de un jalón, como ahorita traía necesidá, pues no vaya siendo.

Rentaron el cuarto de vela grande pa’ que todos cupieran, ese salón se divide en tres si es necesario, o se junta, según pida la familia.

Esos velatorios están bien grandes, tienen cafetería, baño, estacionamiento. Si tienen pa’ suplir cada necesidá de los dolientes, así la necesidá, así los pesos.

A luego de un rato, cuando ya estaba anocheciendo y era la hora de la merienda, me acerqué a la cafetería; si hasta mesas tiene, como si juera cantina, pero todo era de a precio y no pude comprar nada. Viendo así la cafetera, se me acercó Fermín, él acababa de rayar, trabajamos juntos pero yo no juí esta semana por problemas de “salud”, ustedes comprenden, debió ver mi cara de perro frente a carnicería porque me ofreció comprarme un café y un pan. Nos sentamos a platicar.

De reojo yo miraba a Don Fulgencio reflejado en el barniz de la caoba del féretro de su hijo, ‘taba tristón. Fermín me contó que el hijo de Don Fulgencio falleció al estrellar su camioneta cuando venía hecho “la mocha” de regreso de un baile. “No, si se deshizo el méndigo camionetón de la rápida velocidad que traiba, pero dicen que cuando uno compra de esos carros nuevos, le pagan a la viuda nomás por morirse uno”, y yo me quedé pensando a cual de todas las viudas le pagarían.

Pos yo vi a los otros hijos de Don Fulgencio reclamándole la partición de sus pertenencias, ni que no tuviera descendencia, tiene una hija de 21 años, la única hija y nieta reconocida –dijo Fermín.
Pos sí, pero ya ves, que todos esos no más huelen plata y ahí van.
Pos eso sí, pero pa’ cooperar los gastos naiden levanta la mano, luego Don Fulgencio se acerca a cualesquiera del pueblo y ya sabes.

De un rato me dieron ganas de orinar, así que me dirigí a los baños, 3 pesos por pasar y eso que ya le habían cobrado a la familia el derecho a uso. Ya adentro, me pidieron propina, le dejé un clip que traiba en el pantalón, pá’lgo ha de servir. Pero eso sí, ¡qué baños caramba! Traían agua corriente, le jalabas a la palanquita y salía un chorro, en mi casa, es de a cubeta cuando hay agua, eso sí que es tener dinero, caray.

Cuando salí del baño Don Fulgencio se me puso enfrente, como en esos momentos la gente se pone sensible, supuse que me daría las gracias por asistir y a luego me abrazaría chillando. Le di la mano con nervio.

Hoy se te vence una letra, Bernardino –me dijo nomás mirando mi palma y guardando la suya en el bolsillo, se recargó con un hombro en el muro pa’ no dejarme pasar.
¿Qué no era en la otra semana, Don Fulgencio? –y guardé mi mano, no me la fuera a morder–. No traigo, me vine a la carrera con la urgencia de la situación, usté ve.
¿No miras que traigo necesidá?
Pues sí, pero no tengo aquí conmigo. Déjeme pasar para darle las condolencias a su nietecita…
–Mira, Bernardino… te doy oportunidá nomás porque no estamos a tres cuadras de tu casa. No me pagues hoy, pero mañana paso y te cobro dos letras con todo e intereses.
–¿Y si se la pago en este momento?
–Me pagas solo la de este mes como ya habíamos quedado y te perdono los intereses de esa letra por un tercio, nomás porque estoy de necesidá así te la oferto.

¿Habíamos quedado?”, pensé. Pero aún así saqué un pañuelo que siempre traigo para las emergencias, los desamarré y le pagué a Don Fulgencio la letra que me pedía. De verdá que Don Fulgencio estaba compungido, mira que perdonar un tercio del interés…

Me quedé un rato más disfrutando de los sillones del velatorio, total, Don Fulgencio ya me había cobrado derecho de piso, me sentí borrego por aquello de ir por lana y salir trasquilado.

En ese rato más Fermín me contó los detalles del deceso del muchachón de cuarenta y tantos años.

Pues que venía de una fiesta en su camioneta por la madrugada, que una chamaquita del otro pueblo que él pretendía lo rechazó y el no lo aguantó. Él decía que ahora sí, que quería a esa muchachita a la buena, que las demás no habían valido la pena y desaparecían ante esta. Que tanto le dolió que se amargó mucho, se vino borracho y chillando.

En un “no sé cómo” se le ladeó la camioneta y se le volcó. Lo vieron, se acercaron y le reconocieron el sombrero, así que le hablaron luego luego a Don Fulgencio. Don Fulgencio, como trae celular, no esperó y le marcó a la ambulancia desde la parranda en la que andaba. Llegó al mismo tiempo que la ambulancia a donde el accidente. Lo hallaron vivo pero ni se movía, como saco lo metieron a la ambulancia, le pusieron tubos y llegó al hospital privado, pero tantito antes de bajar los de la ambulancia le dijeron a Don Fulgencio: “son tantos pesos” y Don Fulgencio sacó su billetera. Ya en urgencias, lo pasaron a una camilla y luego a una salita y allí lo dejaron. Una enfermera muy amablemente le habló a Don Fulgencio y algo le dijo, Don Fulgencio sacó una tarjeta de bancos y ella pidió que la esperaran, y ellos –porque la madre los alcanzó en el hospital– espere y espere en el frío de la madrugada, vacía, esperando el bip de la señal, porque que en esta ciudá todo eso es muy lento.

Por fin la maquinita timbró, Don Fulgencio firmó y entonces sí, su hijo pasó a urgencias de a rápido, le dieron pronóstico reservado. Don Fulgencio a todo decía que sí, con ojos de vidrio.

Luego se oyeron un montón de bip, bip, bip, y gente corriendo. Viendo lo feo del asunto, Don Fulgencio y su gente ya estaban previniendo un traslado a otro hospital por si fuera necesario, en otra ambulancia o en avión o en helicóptero, “aunque me endeude” decía, no importaba.

Al poco dejaron de sonar las alarmas y salió un doctor a hablar con Don Fulgencio, luego de oírlo Don Fulgencio zangoloteó al doctor gritándole que le pusiera mas cosas: “¡lo que sea doctor, lo que sea que lo salve, no importa cuánto cueste!” y se tiró al piso, hincado, como nunca; el doctor se zafó, meneo la cabeza y desapareció del pasillo. El vidrio se hizo agua…

Cosas de Dios, dijeron.

Como ya se acercaba la hora en que salía la última camioneta pasajera pa’l pueblo y yo ya tenía el chisme completo, me despedí y me fui al velorio de mi primo. Mira tú que juntarse dos muertitos del pueblo en una noche.

De ‘onde me dejó el camión caminé pues a la casa de mi tía, la misma que le hizo mi tío en buenos días. Llegué hambreado, pa’ qué más que la verdad. Ahí luego luego se notó la buena voluntá, me ofrecieron pan de dulce y café sin precio, yo me seguí por el aguardiente, más traiba sed.

Ya sentado y calentado en las sillas de plástico con logo de cervecera, empecé a hablar con cuanto compadre me topaba, si no era mío, de alguien seguro era. Todos hablaban del difunto, Agripino pa’cá, Agripino pa’llá. En vida esos le mentaban madre… yo los oía, pero mi primo no. En la muerte nadie habla mal de nadie, yo creo que porque temen que ahora sí los oigan.

Andaba yo en un rincón, pero ni porque estuviera ahí se me dejaron de acercar un par de señoras que solo veo por la iglesia –por ningún otro lado–, traiban una bolsita con varios billetes y monedas: “Entre hermanos hay que apoyarnos, aporte su gusto para los gastos de la familia que ya sabe, son muchos y hay necesidá.” Con toda mi buena voluntá saqué un diez y sentí un codazo, saqué otro diez y recibí un pisotón, a mi cara de pregunta la vieja replicó: “¿Qué? ¿A poco no trae más? Que poco quería usté a su primo, si yo los vi que eran como hermanos, si así lo traiciona usté, no me sorprende que se haya querido ir” y como me empezara a esculcar, por las buenas saqué de nuevo mi pañuelo y le puse un $100, $120 en total. Nunca vi de nuevo esa bolsita, ni siquiera en las manos de mi tía que seguía viendo ‘onde colocaba sus pocas gallinas que le quedaban.

Me moví de rincón y caminando por la casa busqué un poco de paz, llegué a los dormitorios. Reconocí una resortera de las buenas que mi primo había hecho y me ofreció en una tirada de piedras: “Si me ganas, es tuya”, me dijo. Y me ganó. Pero esa resortera ya estaba en el cuarto de su hermano, ni frío estaba todavía mi primo cuando este ya se la había agarrado pa’sí; mejor la agarro yo, al fin que, después de él, por derecho era mía, él me la ofreció. Y me la guardé bajo la camisa.

Así en la vela me la pasé de ‘salud’ en ‘salud’ ‘pal muerto, porque así ha de ser por acá pa’ aguantar la noche, hasta que ya no me di cuenta y me dormí en la silla. Me despertó el sol y revisé la botella, menos mal, aún tenía agua que raspa, sorbí lo que quedaba.

De aquí se mira el féretro que está en la sala, gris, opaco, nada se refleja, se le mira el cobre por una pequeña raspada que se le hizo cuando lo ponían sobre el pedestal, recordé a los que ni cajón les toca.

Ya se ha corrido la voz, el entierro será a las 4, no antes porque tiene que llegar familia que viene en autobús y se hace como 14 horas. Mientras a esperar, voy por un poco de pan con mi tía, seguro tiene, cargo hambre.

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Mientras me como el pan pego oreja y oigo a dos señoras con los detalles de mi primo:

Que falleció de enfermedá, pero que no se la detectaron a tiempo, que cuando fueron al médico le dieron cita pa’ dentro de dos meses, que regresaron en esos dos meses y pa’ entonces le dijeron: “La enfermedá ya está avanzada, ahora hay que operarle, pida cita, pero no hay disponible sino hasta dentro de 6 semanas”. “¿No puede hacerse antes doctor”. “Sí, pero no aquí, en el hospital privado. La operación ha de estar como en unos $20,000, más los cuidados postoperatorios, en total le ha de salir como en unos $40,000”. “No, pues cómo, si ganamos como $100 al día entre todos. Pedimos cita, doctor. Gracias”.

Quince días habían pasado cuando mi primo se puso mal, de madrugada, así que mi tía salió a la calle, no había camionetas ni taxi, le habló a la ambulancia y que le cobraba, que fiado nada; le hablo a otra ambulancia del gobierno, pero que estaba descompuesta, que le mandaban una que estaba en el otro pueblo pero que tardaba. Luego de una hora, mi tía por fin consiguió que su vecino le ayudara a llevarlo al hospital del gobierno, pero que luego le diera dinero nomás pa’ la gasolina, porque esa no la dejan gratis ni pa’ favor. Ya en el hospital tardaron como otra hora en aceptarlo y mi primo grita y grita, que le dolía y que le dolía, a ratitos se callaba, pero era que se desmayaba. Por fin entró al hospital, a urgencias, y ahí esperó otra hora a que lo atendiera un doctor, porque había cambio de turno. Cuando por fin lo atendieron, le hablaron aparte a mi tía y le dijeron algo, dio un grito y pronto intentó no chillar, en suspiros chiquititos le dijo a mi primo que no se preocupara, que aguantara, que todo saldría bien. El doctor le había dicho que con tiempo antes seguro se salvaba, que tenían medicamento para curarlo pero que ya no era tiempo, ya le habían dicho que dejara el chile de más hace años, hoy tenía 22. La noche con su callado hace más densos los alaridos de los que se quejan. A la mañana, ya solo era mi tía sollozando con los gallos de fondo sobre el pecho de mi primo, que tenía los ojos fijos en el techo. “Qué bueno que ya no sufres mijo, que bueno que ya no estas sufriendo” decía mi tía…

Cosas de Dios, dijeron.

Ya es la hora del entierro, acaba de terminar la misa. El camión que alquilaron y la carroza ya están acá. Cargaron el féretro a la carroza y los demás nos subimos al camión como de 20 años de viejo que se zangoloteaba por todo el camino y levantaba tolvanera hasta que salimos a carretera, no sabíamos si cerrar las ventanas para evitar el polvo o dejarlas abiertas por la calor.

Pasandito la cabecera está el cementerio, ahí nos topamos con los carros y camionetas del entierro del hijo de Don Fulgencio, cada uno en su coche.

Pasaron ellos primero, pagaron preferencia. Luego íbamos nosotros, hasta el fondo del cementerio en una lomita, pero el camión y la carroza se quedaron en el estacionamiento a la entrada, así que hubo que cargar a mi primo por todo el cementerio, y en el paseo, pura gente llorando por todos lados. Metieron a mi primo en una gaveta y antes de echarle cemento, el sacerdote dijo algo así como una misa, iba a prisa porque tenía otro entierro. Mientras decía, me senté en una piedra y desde ahí miré como enterraban en una fosa bajo tierra “a perpetuidá” al hijo de Don Fulgencio, todos cubiertos por una carpa, con una pequeña carrocita que les alquilaron para llevar el féretro del estacionamiento hasta la fosa; a mi primo, porque así a mi tía le alcanzó con las gallinas, lo guardan en una gaveta mientras estamos todos a pleno sol, o lluvia si hubiera, ahí lo van a dejar siete años y a luego lo sacan, lo cocinan, y le dan las cenizas a mi tía, si junta pa’ entonces, le ponen un nicho, si no, se lo lleva Dios sabe a dónde. Mariachis allá abajo, acá silencio, no más un borracho cantando las canciones que cantaba con mi primo. Miré otras gavetas, unas de mármol y otras que apenas si tienen un nombre escrito, y fechas. De aquí a tiempo, hasta eso se borrará.

Así, así sentado le puse prueba a la muerte, y ni por cómo le va a uno en su entierro, ni por el tiempo que puede uno vivir por las medicinas, vi justa a la muerte.

Me calcé mi sombrero y caminé al pueblo.

Los suicidios suben un 3 % hasta las 3.679 muertes en un año

Terrorismo de Estado

En la penumbra del silencio, aguardan historias de vida cuyos destinos fueron truncados por la profunda huella que marcó la violación sistemática de los derechos humanos en Chile, donde torturas, homicidios, exilios y desapariciones forzadas, impusieron un silencio que por miedo o complicidad, censuraron una parte de la memoria histórica del país. A pesar de que muchos de estos relatos permanecen bajo el manto del negacionismo, otros en cambio, ven la luz pública para develar los crímenes perpetrados por agentes del Estado en más de 1.160 recintos públicos y privados. Entre ellos, los infranqueables muros del Grupo de Instrucción de Carabineros y la Base Aérea Cerro Moreno de Antofagasta.

I – SANGRE VERDE: TORTURAS EN NOMBRE DE LA PATRIA

Viejos tablones de madera crujían cuando los firmes pasos de carabineros marchaban al ritmo de un plan siniestro. A lo lejos se escuchaban relinchos y un olor a excremento de caballo daba señales sobre dónde podrían estar. En ese momento, la única certeza era que detrás de esas paredes verdes, la ciudad parecía seguir la rutina con normalidad.

Con los ojos vendados y un bebé de un mes de vida entre sus brazos, una adolescente de 17 años llamada Sandra Gahona, podía palpar el miedo que cada vez se hacía más denso en el ambiente. Ella sabía que era el comienzo de una dolorosa memoria que perduraría hasta el último día de su vida.

La hermana de los extremistas

La acción represiva de la dictadura militar no sólo persiguió a ciudadanas y ciudadanos disidentes, sino que también a las personas sin militancia política, tal como consigna el Informe Rettig de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Este fue el caso de Sandra Gahona, “la hermana de los extremistas”, como la llamaban sus torturadores.

La historia de Sandra forma parte de la larga lista de mujeres que tras ser secuestradas y torturadas, fueron por sobre todo víctimas de la violencia sexual. Según cifras de la Comisión Valech, en Chile hubo alrededor de 230 mujeres detenidas estando embarazadas, algunas dieron a luz en prisión, otras abortaron a causa de las torturas, y otras quedaron embarazadas producto de las violaciones perpetradas.

Enfrentando violentos contrastes en su vida, Gahona había dado a luz a su hijo en fechas cercanas al día en que su primo, Norton Flores, fue acribillado con ráfagas de ametralladoras la madrugada del 19 de octubre de 1973, en el paso de la Caravana de la Muerte por Antofagasta.

Fue un 5 de diciembre de 1973 cuando Sandra decidió presentarse ante la Fiscalía Militar junto a su hijo de tan sólo un mes de vida. El motivo: la necesidad de apelar para reducir los 50 años de presidio de su hermano mayor, Osvaldo Antivilo, condenado por militar en el Partido Comunista.

Sandra Gahona, “la hermana de los extremistas”.

Esperando durante largas horas con el bebé entre sus brazos, en tan sólo una fracción de segundo, el escenario de la Fiscalía Militar se fue a negro. Una capucha envolvía su rostro y desde ese momento, sólo quedaba suplicar que no le hicieran daño a su hijo.

Horas más tarde, Sandra fue trasladada en un furgón manejado por agentes del Servicio de Inteligencia de Carabineros (SICAR). Una vez que llegaron a su destino, la ubicaron en la pérgola del Grupo de Instrucción mientras designaban su celda.

Grupo de instrucción de Carabineros Antofagasta.

Perdiendo la noción del tiempo, el paso de los días los contabilizaba con rayas en la pared. Cada día implicaba una pesadilla distinta –fueron 45 en total-, y dependiendo de la voz del torturador, Sandra sabía lo que le esperaba. “Podía distinguir entre el que me sacaba para colgarme durante horas; el que me daba golpes con sacos húmedos o el que me llevaba a un cuarto para violarme”.

Años más tarde, logró reconocer al torturador que abusaba sexualmente de ella: el ex carabinero y agente del SICAR, Héctor Obando, quien la sacaba de su celda más de diez veces en el día. Lo que se sabe actualmente de este personaje, es que fue condenado el 2011 por el delito de tenencia ilegal de armas en Puerto Montt.

A pesar del dolor insoportable, Sandra no podía gritar ni sacar la voz. “Les causaba mucha rabia que no me quejara ni gritara. Me insultaban por eso y me torturaban más aún”, comenta con extrañeza y concluye que, “fue un mecanismo de defensa (…). Hasta que conocí la parrilla”, un catre metálico donde le aplicaban electricidad en sus genitales.

Los brutales métodos de tortura no podían cruzar la línea de la muerte, y en esa misión participaban médicos y enfermeros cómplices que prestaban asistencia en los centros de detención. Así fue como llevaron a Sandra a enfermería para frenar múltiples hemorragias internas que le habrían provocado.

Durante la atención médica cargada de violencia psicológica, Sandra se encontró con la sorpresa de ser atendida por un reconocido ginecólogo de Antofagasta, quien actualmente lleva la bandera de lucha por conflictos medioambientales en la ciudad.

Sueños truncados, ideales enterrados

En los años 70, un joven entusiasta llamado Nelson Ormeño, estudiaba Pedagogía en Lengua Castellana en la Universidad del Norte. A sus 24 años, enfrentaba una época universitaria de fervor político, donde organizaciones estudiantiles despertaron por un deseo de cambio y transformación basado en la educación.

“Cuando educas al pueblo comienzan a darse cuenta dónde están las miserias y quiénes las producen”, afirma Ormeño, que al revivir este capítulo de su vida, recordó cómo las injusticias sociales removían sus convicciones, despertando su motivación por ser parte del Frente Estudiantil Revolucionario (FER).

Nelson Ormeño Olivares.

La clave de esta unión entre jóvenes que perseguían los mismos ideales, tenía su esencia en el querer “proyectarse como personas que pudieran realizar un verdadero cambio social”. Pero luego de la dictadura militar, “muchos de estos sueños se murieron, y sus idealistas hasta el día de hoy, están desaparecidos”, lamenta Ormeño.

Nelson estaba terminando de realizar una clase cuando fue detenido en agosto de 1974. A pesar de tener los ojos vendados, él sabía perfectamente dónde estaba. Lograba visualizar a través de la tela a carabineros haciendo guardia en la entrada del recinto; le sorprendía ver lo jóvenes que eran.

Ormeño estuvo detenido en dos ocasiones en el Grupo de Instrucción de Carabineros, y en ambas instancias, enfrentó las torturas del catre metálico donde le aplicaron electricidad en los testículos, lengua y dientes; además de recibir golpes y patadas en todo el cuerpo. “Durante las interrogaciones me desnudaron y humillaron, querían hacerme sentir poca cosa, bajar mi calidad de ser humano”, recuerda Nelson y afirma que los responsables, pertenecían a la Comisión Civil de Carabineros.

José Torres Órdenes

Durante los obscuros días en el Grupo de Instrucción, Nelson reconoció un rostro familiar que lo transportó a las cálidas calles de la ex oficina salitrera Pedro de Valdivia, donde conoció a su amigo de infancia, José Torres. Ormeño jamás habría imaginado que décadas más tarde, se reencontraría con su compañero de escuela en un recinto de torturas.

Delatado por el mismo individuo que reveló la identidad de Nelson, José Torres, en ese entonces profesor de coro de la Universidad de Chile sede Antofagasta, fue prisionero político a los 22 años por ser parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). “Me detuvieron en la vía pública en la población Corvallis. Allí me encapucharon y me metieron en una citroneta con una pistola cañón apuntando en mi espalda”.

Grupo de Instrucción de Carabineros

Torres comenta que cada vez que escucha el pasar del tren revive las emociones de las torturas, visualizando las veces que lo dejaron atado de pies y manos en el catre metálico, aguantando durante horas un dolor indescriptible con la ropa mojada por su propia orina.

Ferrocarril de Antofagasta junto al grupo de instrucción.

Algunos encerrados en calabozos y otros en barracas de madera, allí permanecían de pie durante horas con las manos y pies engrillados. Para ir al baño, todas las mañanas sacaban a las y los presos en fila india, caminando vendados con la mano derecha sobre el hombro del compañero de adelante. Hacían sus necesidades en un tarro común, y a veces, compartían el mismo inodoro donde los observaban y obligaban a dejar la puerta abierta. “Mientras estábamos ahí vendados, no cesaba el afán por parte del personal de carabineros de querer quebrarnos moralmente”, afirma un ex preso político de siglas G.L.

“Cuando me liberaron, lo primero que pensé al llegar a la esquina de Matta con Cautín, era tirarme a la rueda de un auto y morirme. Ya no aguantaba… No podía superar nada más con ese dolor y ese miedo de que me pudieran llevar de nuevo”, recuerda con pesar José Torres.

Caso Gumercindo Álvarez: ¿Homicidio en el Grupo de Instrucción?

El ministro en visita por casos de violaciones de derechos humanos de la Corte de Apelaciones de La Serena, Vicente Hormazábal, asumió el 2017 las investigaciones judiciales del Norte Grande y Norte Chico, liderando las pericias de Antofagasta.

Según cifras reveladas por el ministro Hormazábal, en Antofagasta existen 25 procesos judiciales vigentes por delitos de lesa humanidad. Del total de las denuncias, tres son las causas vigentes que corresponden a los crímenes cometidos al interior del Grupo de Instrucción de Carabineros. Entre ellos, el caso del obrero socialista Gumercindo Álvarez, detenido por miembros de la FACH el 2 de septiembre de 1974.

La versión oficial de este caso, que actualmente se encuentra en tela de juicio, relata que Álvarez se habría ahorcado en un calabozo del Grupo de Instrucción de Carabineros. Sin embargo, según antecedentes de la Comisión Rettig, el cuerpo de Gumercindo tenía quemaduras en los testículos, carecía de uñas y mostraba signos de haber estado maniatado, por lo que la teoría del suicidio no era de fiar.

“Hicimos una exhumación del cadáver y aparecieron fracturas costales. Evidentemente, si es que no fue un homicidio, este hombre sufrió muchas torturas antes de quitarse la vida”, comentó el ministro a El Mercurio de Antofagasta. Además, cuatro días después de su detención, funcionarios de carabineros habrían llegado a la casa de Álvarez para informar a la familia que estaba hospitalizado y en estado de gravedad. Sin embargo, una vez que llegaron al hospital, descubrieron que Gumercindo habría llegado muerto en un furgón de carabineros la noche anterior.

II – LOS SECRETOS DE CERRO MORENO

La Base Aérea Cerro Moreno, ubicada a un costado del aeropuerto de pasajeros, fue el centro de detención y tortura con más personas recluidas en la ciudad de Antofagasta. Bajo el control de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), las detenciones se concentraron en 1973 y aumentaron en 1980.

Los crímenes de lesa humanidad ocurrían dentro y fuera del recinto. Entre ellos, salieron a la luz casos como la tortura y posterior muerte de un niño de tan sólo 14 años; o el triple homicidio de Luis Muñoz (MIR), estudiante de la Universidad del Norte, junto a Nenad Nesko Teodorovic (MIR) y su esposa embarazada, Elizabeth Cabrera de 23 años.

“Todas las víctimas fueron ultimadas por personal militar cuando eran trasladadas hacia el recinto”, afirma Luis Galaz, Jefe de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI.

Ante la crueldad injustificada de esto hechos, Domingo Asún, magíster en psicología social, atribuyó el actuar de los militares a “un proceso de deshumanización del otro”. En su investigación sobre la psicología experimental cognitiva de los torturadores, a las y los ciudadanos disidentes “le quitan los rasgos humanos, la identidad y todo tipo de nobleza”.

A pesar del daño provocado, Asún afirma que la meta final para los agentes del Estado en dictadura, siempre fue “defender la patria” por sobre todas las cosas. “Por eso están dispuestos a violar, a poner electricidad, a sacarles las uñas, mantenerlos en condiciones infames de indignidad, y luego, vuelven a sus casas, le hacen cariño a sus hijos, salen el fin de semana y vuelven el lunes a seguir destruyendo personas”:

Los sobrevivientes

Eran aproximadamente las seis de la tarde cuando Osvaldo Caneo llegó a la base aérea de Cerro Moreno. En ese momento, la arena entre sus pies y el silencio penetrante hacían cada vez más difícil vislumbrar dónde estaba; hasta que el sonido explosivo del despegue de un avión, dejó todo en evidencia.

Juan Carlos García y Osvaldo Caneo.

Fue en el mismo infierno donde conoció a su compañero Juan Carlos García, con quien compartiría los momentos más duros de su vida. Los métodos de tortura en Cerro Moreno parecían juegos. Situaban a los presos políticos en el medio, tomaban distancia, y luego corrían con fuerza para rematar con múltiples patadas en sus cuerpos.

Juan Carlos relata que varias veces intentaron ahogarlo en un pozo; en otras ocasiones, lo amarraban de los brazos y pies a una especie de plataforma de madera, la cual debía sostener con su cuerpo mientras lo golpeaban a palos.

-Mira nosotros fuimos entrenados en Brasil y Vietnam, así que sabemos bien cómo pegar, y si pasa algo y los matamos, no nos va a pasar nada. ¿Quién se va a acordar de ustedes? ¡Nadie! –gritó el militar en el rostro de García.

Esa frase nunca se le olvidó a Juan Carlos, porque en cierta forma, tenía razón. Ni el Estado, ni su familia, ni nadie podrían revertir el daño causado.

Al igual que García, Osvaldo Caneo también luchó para no ahogarse en el estanque donde fue sumergido. Hasta que un día, después de los apremios, un militar se acercó a él y le dijo:

-Debes contestarnos dos preguntas y te dejamos tranquilo… ¿Dónde están las armas para derribar los aviones?

-Ya le dije que la Juventud Socialista no maneja armas –respondió Osvaldo con el último aliento.

-Hasta aquí llegamos entonces –advirtió el militar.

Pasaron un par de horas cuando los torturadores decidieron introducir los cuerpos de Osvaldo y Juan Carlos dentro de un aparato metálico gigante con forma de carrete. Sin ropa y de manos atadas al interior del tubo, los lanzaron cerro abajo.

Cuando los torturadores se percataron de que los cuerpos de Osvaldo y Juan Carlos quedaron completamente destrozados, en un breve e irónico momento de “piedad”, decidieron no volver a lanzarlos cerro abajo por “miedo a matarlos”, recuerda García.

A 45 años desde que estas historias formaron parte de un presente donde gobernó el terrorismo de Estado, hoy rompen el silencio y derriban las murallas levantadas por el negacionismo en Chile. Un país donde la impunidad, aún gana la batalla de la incansable búsqueda de verdad y justicia.

En este sentido, la misión que heredan las generaciones de la democracia, está en preservar la memoria histórica y promover la defensa de los derechos humanos, por la construcción de un futuro donde no haya cabida para replicar esta cicatriz.

Un futuro donde el silencio deje de invisibilizar los escenarios destinados a matar y torturar; donde las víctimas de la represión, dejen de cohabitar los mismos espacios que sus torturadores en libertad, mientras todos los demás por egoísmo o comodidad, juegan a olvidar.

Porque la historia se cuenta por sí sola aunque muchas veces se intente negar; porque quienes aún luchan contra la pesada carga del pasado, hoy tienen la convicción de que nada ni nadie aquí está olvidado.

Dulce Mª Loinaz Muñoz

 

Dulce María Loynaz Muñoz (La Habana, 10 de diciembre de 1902 – La Habana, 27 de abril de 1997) fue una escritora cubana, considerada una de las principales figuras de la lírica cubana y universal. Mereció el premio Miguel de Cervantes en 1992.

En el linaje de la Loynaz se entrecruzan importantes personalidades cubanas y universales, su propio padre, Enrique Loynaz del Castillo, poeta y General del Ejército Mambí, Ignacio Agramonte y Loynaz, la destacada poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda y Martín de la Ascensión, uno de los 26 mártires de Japón al que le dedicara un extenso poema en prosa. Publicó sus primeros poemas en La Nación 1920, año en que también visitó a los Estados Unidos. A partir de esa fecha realiza numerosos viajes por Norteamérica y casi toda Europa. Sus viajes incluyeron visitas a Turquía, Siria, Libia, Palestina y Egipto. Visitó México en 1937, varios países de América del Sur entre 1946 y 1947 y las Islas Canarias en 1947 y 1951, donde fue declarada hija adoptiva.

Nacida María de las Mercedes Loynaz Muñoz, su infancia transcurrió junto a la de sus hermanos Enrique, Carlos Manuel y Flor. Todos los hijos del general hicieron poesía pero sólo Dulce María se interesó en hacer pública su obra. Crecieron en un ambiente de celoso enclaustramiento y lujo, no visitando jamás escuelas públicas ni privadas; los preceptores iban a educar a los hermanos en su casona primero de San Rafael y Amistad, Centro Habana, y luego de Línea entre 14 y 16 en El Vedado hasta que comienza en la década del veinte estudios en Derecho Civil en la Universidad de La Habana junto a su hermano Enrique.

La abogada

Se graduó de Doctora en Leyes, por la Universidad de La Habana, profesión que si bien no era su vocación ejercer mantuvo hasta 1961, siempre atendiendo asuntos familiares. Fue reconocida en su patria como profesional del derecho recibiendo en 1944 la desaparecida Orden González Lanuza, conferida a aquellos que en esta rama aportaron los frutos de sus estudios y experiencias, siendo la primera mujer en recibirla.

Obra poética

Sus primeras obras aparecieron en el periódico La Nación al edad de 17 años: Invierno de almas y Vesperal; en dicha publicación aparecieron otros textos entre 1920 y 1938. En 1929 Dulce María junto a su madre y hermana realiza un viaje por el Medio Oriente donde visitaron Turquía, Siria, Libia, Palestina y Egipto, este último país afectó especialmente a la poetisa que luego de visitar el museo de Luxor y ver la tumba de Tutankamón escribiría una carta lírica y de profunda connotación romántica al desaparecido faraón. En 1947 publicaría Juegos de agua, libro de poemas, y a partir de 1950 el editor español se interesa por la obra de la cubana, publicando varios de sus trabajos. De esta época, específicamente de 1951, data la publicación de Jardín. Le seguirían: Carta de amor al rey Tut-Ank-Amen 1953, Poemas sin nombre 1958 y Un verano en Tenerife, (libro de viajes); según la autora: lo mejor que he escrito.Entre otras cosas porque la poetisa En su primer viaje a la isla quedó prendada de ella y llegó a adoptar a España como su segunda patria. Y cierto es también la gran acogida de su obra que tuvo en este país.

En 1950 publicaría además crónicas semanales en El País y Excélsior. También colabora en Social, Grafos, Diario de la Marina, El Mundo, Revista Cubana, Revista Bimestre Cubana y Orígenes, muchas veces como colaboraciones a su esposo Pablo Álvarez de Cañas. Dentro de su prosa es de vital importancia destacar su libro Fe de Vida, obra autobiográfica y centrada fundamentalmente en dar a conocer el, hasta por el momento para muchos invisible, Pablo Álvarez de Cañas. Su segundo esposo y quien fuera figura relevante en círculos sociales de La Habana en su época.

Guidó made in U.S.A.

Guidó made in U.S.A.

La creación de Juan Guaidó: cómo los laboratorios de cambio de régimen estadounidenses crearon al líder del golpe de estado en Venezuela
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Juan Guaidó es el producto de un proyecto de una década supervisado por los entrenadores de élite de Washington para cambios de gobierno. Mientras se hace pasar por un campeón de la democracia, ha pasado años al frente de una violenta campaña de desestabilización.

Cosacos

La creación de Juan Guaidó: cómo los laboratorios de cambio de régimen estadounidenses crearon al líder del golpe de estado en Venezuela

Juan Guaidó es el producto de un proyecto de una década supervisado por los entrenadores de élite de Washington para cambios de gobierno. Mientras se hace pasar por un campeón de la democracia, ha pasado años al frente de una violenta campaña de desestabilización.

Antes del fatídico día 22 de enero, menos de uno de cada cinco venezolanos había oído hablar de Juan Guaidó. Hace solo unos meses atrás, este hombre de 35 años era un personaje oscuro en un grupo de extrema derecha políticamente marginal, estrechamente asociado con actos de violencia callejera. Incluso en su propio partido, Guaidó había sido una figura de nivel medio en la Asamblea Nacional, dominada por la oposición, que ahora se encuentra bajo desacato según la Constitución venezolana.

Pero después de una…

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Humor negro

Que diferencia hay entre un cura y el acné?

Que el acné espera a que tengas 12 años

De que se ríe Papá Noel?

De las cartas de lo pibes de la villa

Caen 56 paraplejicos de la punta de un edificio, ¿Que hacen?

Juegan al tetris

¿Que hace un negro tirandose de un precipicio?

Hace bien

¿Como matas a 150 moscas de una vez?

Le pones una mierda a un nene de África

Qué hace un leproso tocando la guitarra?

Carne picada

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No Somos Nadie

Camposanto from Unitaria on Vimeo.

Hombre ebrio

Fue dado por muerto, resucitó en la morgue y volvió a la fiesta para seguir bebiendo

Un hombre originario de Polonia bebió literalmente hasta morir, su cuerpo fue recogido por los servicios de emergencia y llevado a la morgue, en donde minutos después ¡recobró la vida!

Las bajas temperaturas habría ayudado a que el joven haya recobrado la conciencia, hecho que tildan como un verdadero milagro.

Tras recuperar la vida, los gritos del hombre alertaron al guardia del lugar donde se encontraba, quien lo sacó de la cámara para abrigarlo. Después de aquello, llegó la policía para devolverle sus documentos.

Luego de recibirlos, Nowak llamó a un taxi para retornar a su hogar. Sin embargo, decidió modificar la ruta a último momento.

 

“La cagaste Burt Lancaster”

Hombre fue dado por muerto, resucitó en la morgue y volvió a la fiesta para seguir bebiendo

TRAILER – “No somos nadie” (Juanlu Ruiz & Toni Ruiz, 2017) from LINE UP Shorts on Vimeo.

El hijo de Juán Simón

Yo no me celebro ni me canto a mí mismo, pues silénciame la tierra que me cubre; misma tierra que masco y negra sabe; oscuridad más certera la del puño que se abre, y de esas rosadas manos, como en las venas la sangre, viaja la tierra, mi tierra, para que yo me calle. Ahógame el gusano carroñero. Ahógame el lodo de mis lágrimas. Ahógame la conciencia de estar muerto. Quiero levantar mis cadavéricas palmas, las cuencas de mis descompuestos ojos, las pocas entrañas que aún me pesan; quiero alzarlo todo. Y que mi voz, que es el llanto de los que aquí estamos, violente cual trueno, el tímpano de los no muertos, esta exigencia macabra. Pero del hálito poco que queda de este que habla, osamenta, mis esquirlosas preguntas os muestra, ¿quién el tiempo nos quitó? ¿Quién olvidándonos está? Pues si fuiste tú, mi Dios, ¿a qué hora nos abres tu paso? Dinos dónde está el camino que no lo vamos andando.

Y otra vez, madera, que dejas que el sol no entre, sino la piedra  sino el llanto sino el grito; puesto que es lamento de muerte que nace en el pecho de madre el que se recuesta conmigo.

—Si yo pudiese —madre mira mi caja; padre lanza la tierra.

—Hijo, si yo pudiese —madre mira mi caja; padre lanza la tierra.

—Hijo, hijo de mi alma —madre se rasga los ojos, empuña la tierra, se ahoga en sus mocos.

—¡Qué se ha muerto! —sus manos tan vivas que guardan los muertos, recogen a madre, la paran del suelo y regresa al segundo a cubrirme con miedo. La tristeza no impide a aquel hombre ajado, con marca en el rostro de un puñal enemigo, seguir su tarea, continuar su martirio.

—Hijo, vuélvete tantito. Necesito tu espalda en el peral de la casa; quiero que tus manos abran la puerta; traite tu ojos, no olvides tus labios, respírate un poco… Respira respira, no aguanto —padre lanza la tierra.

Y su llanto me atraviesa el recuerdo de cómo las manos de padre medían los cuerpos. Pero conmigo no. Y ya después de medidos los arrojaban a las cajas. Pero conmigo no. Y ya luego de arrojados nomás tierra y no lágrimas. Pero conmigo no. Esas manos se sabían de memoria que no alcanzaba la pera más cercana. Y también se acordaron que yo no podía dormir bocarriba o bocabajo, sino de lado, y así me pusieron: agarraron mis piernas -madre cerrábame los ojos, acaricíabame el pelo- una a una fueron doblándolas y para que no se desenrollaran, enredaron mis brazos en ellas. Ya hecho un ovillo a la caja me llevaron, pero con los movimientos más lentos de su andar maltratado, porque la pierna derecha cojea su paso, arrastra dolorido un mal de hace años.

My darkened eyes

Como para no despertarme, poco a poco mi cuerpo esas manos me tendieron. Y así me quedé. Y así me quedo. Madre llenábame de besos, tantos besos, tantos.

—En verdad que no aguanto. Regrésate. Regrésate a nosotros — en tan pocos ojos  tantas lágrimas.

El sol ya no quema. El lugar ya no hiede. Es la tierra profunda. Es la tierra que expele. Un aroma que no es cieno, pues es fragancia de mil muertes.

El canto del ave se oye a lo lejos y la voz de una niña que ríe y no llora, todo se junta en un beso, beso que trae entre labios, madre, de tierra que me aprisiona.  Y rememoro los sonidos, pues aquí se hacen más fuertes, como el famoso “tan, tan” del martillo que a mi caja diole el cierre. Pues con sus manos, padre, con sus muescas y con sus todos, recalaba los calvos malditos, que tronchaban así seguiditos, uno a uno y no en montón, la madera que en silencio guarda a un hijo que quizá por decisión, Dios que todo lo sabe, les quitó. Pero Dios ignorándoles estuvo, ya que cuando padre alzaba martillo, madre miraba al cielo, implorando que su hijo del entierro, tocara la caja fuerte; pero el famoso “tan, tan”, de aquel martillo inquisidor, acalló todas la voces, incluso la de aquel Dios.

Making of: Pandemonium from Terror Cuántico on Vimeo.

—No le pegues tan fuerte a la caja.

—Pásame el otro.

—Antes que la cierres completa quiero verle su carita.

—Pásame el otro —padre no se negaba a que ella pudiera verme sino los clavos.

—Haz caso a lo que te ruego, por favor —el dolor de mi madre es demasiado que no cabe en esta tierra.

—Pásame el otro, mujer, te lo digo por el amor de Dios —padre con los ojos escandalosamente abierto e inyectándoselos de sangre y lágrimas; extendiendo su temblorosa, bestial y adversa mano replicó cual si no hubiese dicho nada, pero con la voz bañando en murmuro el suelo. —Pásame otro clavo.

A mí me apareció la tierra como a ellos la noche. Nada se veía salvo la cruz que marca mi presente. Padre se aleja jalando su pata e ignora a madre con su tristeza, pues él tiene demasiado con la suya. No voltea a verla, ¿para qué? Pues aunque se ponga como ella, hincada, su hijo, su único hijo no va a volver. El dolor no duele, arde o pesa. Madre, de hinojos, mira la cruz e implora; ya que grita de desesperación; ya que le carcome un dolor; y, otra vez, sus ojos levanta para ver si está su Dios.

—Por favor, Dios, que sea yo y no él.

Me abrasa el cuerpo de tanto odio; pues tu boca no sabe lo que dice. Trágate esas palabras y enmudece para siempre. Pártete los labios a pedradas. Come la tierra que estercolo ya que de tu voz se produce también mierda. No te sabes muerta. No. No te imaginas sin vida. Y otra vez los que habitamos aquí, si es que esto es habitar, te pedimos que te largues y nos dejes a los que conocemos del dolor. Ándate y llora en otra parte tus lágrimas que son vida, tus gritos que son vida, toda tú que lo eres. Porque tú no sabes qué se siente el silencio, cómo se escucha la oscuridad eterna. Tú no sabes nada, pero lo sabrás cuando mueras y has de morir un día, pues así está destinado. Cállate. Cállate de verás. Guárdate todo tu aliento para cuando bajes con nosotros, en canto acorde entones, nuestra canción de desprecio. Y aquí en el silencio murmures y te digas yo no me celebro ni me canto a mí mismo.

LA HIJA DE JUAN SIMÓN from ANA ROMERO on Vimeo.